3 mitos sobre acudir a terapia

Psicoterapia

Imagen de Reimund Bertrams en Pixabay

Igual que hay prejuicios negativos sobre la terapia (eso es para locos, etc) también los tenemos por el lado contrario. Frases, que en principio pueden parecer positivas y con buena disposición de cara a la terapia pero que en realidad, encierran una trampa. 

En este post os voy a hablar de las 3 más habituales.

Todo el mundo debería ir al psicólogo.

Un clásico. Existe una variante, un poco más sutil pero igual de falsa: “Todos los arquitectos/médicos/camareros/profesores/cualquier otra profesión estamos fatal, tienes mucha clientela entre nosotros/as.”

Pensar que todo el mundo debería ir al psicólogo es lo mismo que pensar que todos necesitamos que nos escayolen la pierna, esté rota o no. 

Una persona se podrá beneficiar de una terapia cuando tiene un nivel de malestar en su vida moderado/alto, se prolonga en el tiempo y no sabe cómo solucionarlo. Cuando tiene la sensación de que todos los días tiene el mismo problema, una y otra vez, entonces sí, una terapia psicológica podría ayudarle. 

Esta situación no le pasa a todo el mundo. Por norma general, la gente se las apaña bastante bien sin nosotros. Tiene un nivel de malestar leve, cada día se enfrenta a nuevos problemas y con un nivel de éxito aceptable. Como se dice últimamente, la vida es un 7.

Así que no, no todo el mundo debería ir al psicólogo. De hecho, este mito está muy ligado con el siguiente, del que voy a hablar a continuación. 

Nunca es malo acudir a un psicólogo.

La terapia no es inocua, puede tener efectos secundarios no deseados. El más frecuente: aumentar el síntoma.

Me explico.

Imagina que tienes una piedra en el zapato. Es pequeña, no te molesta demasiado y puedes hacer tu vida normal con ella. Incluso hay momentos en los que ni la notas. Aún así, decides ir a un especialista en piedras en el zapato para que te la quite.

Una vez en su consulta, le cuentas todo lo que sabes sobre la piedra: desde cuándo la tienes, cómo es, cuánto te molesta, etc. El especialista te da unos ejercicios para que practiques en casa a ver si la piedra se va yendo. 

Tú vas haciendo los ejercicios que te han mandado y comienzas a fijarte todos los días en la piedra, a ver si está o no. Como la piedra sigue estando ahí, cada vez la notas más y más molesta. Cada día que pasa, te fastidia más y empieza a ocupar más espacio en tu vida.

El resultado: Cada vez le prestas más atención a la piedra por lo que cada vez te molesta más y más.  Algo que en un principio no tenía mucha importancia, acaba siendo el centro de tu vida. 

Por eso nosotras nos cuidamos mucho de no caer en esta trampa y valorar el grado de malestar que tiene la persona que acude a consulta. 

Siempre hay algo que trabajar. 

Esta es mi favorita porque me recuerda a mi abuelo en la huerta: “siempre hay algo que hacer,” decía.

Claro que una consulta de psicología no es una huerta. De hecho, si empezamos a trabajar algo y resulta que es mejor dejarlo como estaba, corremos el riesgo de la piedra en el zapato: que cada vez se haga más grande.

No sé por qué pero estamos entrando en una época de alta introspección y no lo digo en el sentido positivo. La gente le da muchas vueltas a la cabeza a cómo están, a si son felices, si están bien, etc. Imagino que el rollo del crecimiento personal tiene algo que ver en esto. 

Nosotras creemos que si la persona se encuentra bien, entonces está todo bien, sin más. Si funciona, mejor no arreglarlo. 

También puede ocurrir que haya personas que acuden a terapia para prevenir problemas, “por si acaso me deja mi novia/o”, “por si acaso el paso a la ESO le puede afectar,” etc.

En esto somos muy claras: la psicología preventiva no funciona (o al menos nosotras no sabemos hacerla bien).

En este aspecto no somos como los dentistas, que recomiendan una revisión al año para prevenir enfermedades. Somo más bien como los traumatólogos, a los que acudes cuando tienes dolor o una lesión. 

Uno no acude a un traumatólogo para preguntarle cómo puede hacer si se rompe una pierna (digo yo que la respuesta sería: acude a un médico). Pues con la psicología pasa igual, uno no puede adelantarse a un problema que no existe. 

En ese sentido, no tenemos una bola de cristal para saber cómo se tiene que actuar en caso de catástrofe. 

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