Cómo actuar ante las resistencias

Psicoterapia

Resistencias al tratamiento

Hace unos vi un documental sobre las trabajadoras de una fábrica de ropa de los años 60/70 en Galicia (creo que han hecho ahora otro de temática similar). El caso es que las mujeres cuentan su experiencia de aquellos años. Duras condiciones laborales que recuerdan con nostalgia porque contaban con independencia económica (y porque eran jóvenes también).

El caso es que una de ellas, en un momento dado, dice:

“Pudiendo estar bien ¿por qué se va a estar mal?”

Toma ya. Ni mindfulness ni gaitas. Toda una filosofía de vida descrita en una sola frase.

Lo cierto es que esta frase me ha perseguido hasta ahora y cada vez que un paciente “se resiste” al tratamiento se me viene a la cabeza.  

Pudiendo estar bien…pudiendo hacer lo que le digo ¿por qué va a estar mal?

Ahí es cuando me paro y pienso. No, mi planteamiento no es el camino que esa persona quiere para estar bien. Tengo que buscar otra perspectiva. Igual que uno puede estar mal de mil maneras diferentes, el camino para la mejoría no suele ser único, hay muchas vías para conseguir estar mejor.

Si no hago este trabajo y me empeño en hacer las cosas a mi manera, lo más seguro es que la terapia sea un fracaso.

Por lo tanto,  este artículo va de cómo actuar con las resistencias del terapeuta. Se tendría que titular mejor “El terapeuta resistente al tratamiento.”

Si me pongo en modo libro de autoayuda podría escribir los tres pasos para conseguir romper las resistencias del terapeuta y que consiga ver otras alternativas para que pueda ayudar a que el paciente mejore.

Estos pasos serían:

Paso 1: Parar y respirar.

Literal y metafóricamente. Es bueno que te tomes un tiempo durante la consulta para pensar qué es lo que está pasando para que la cosa no marche bien. Para eso, no hay que tener reparos en decirle a la persona que acude a consulta que necesitas un momento para pensar de qué forma le puedes ayudar mejor. O si no, hacerlo entre una visita y otra.

Con respirar me refiero a que hay que mirar qué está pasando por tu cabeza cuando tienes a esa persona delante. ¿Te sientes frustrado/a? ¿Incómodo/a? ¿Te cae mal? ¿Bien? ¿Por qué?

Es algo habitual que cuando tenemos en nuestra cabeza unas estrategias que suelen funcionar con la mayoría de los pacientes, y llega alguien a quien no le sirven, tendamos a intentar meterla con calzador. Como no entra, nos frustramos y corremos el riesgo de caer en el más de lo mismo: Volver a intentar la misma estrategia una y otra vez.

Así que el primer paso es parar y respirar para ver que lo que estamos haciendo no funciona y es hora de hacer algo diferente.

Paso 2: Interrogar al paciente

Cuando ya hemos hecho nuestro trabajo de humildad y admitimos que no sabemos qué hacer, es momento de preguntar a la otra persona interesada en el asunto: la persona que ha acudido a consulta.

¿Qué quiere conseguir? ¿Por qué cree esa persona que le pasa lo que le pasa? ¿Qué cree ella que tendría que ser el camino para mejorar?

Sin saber esto, es como si estuviéramos haciendo “lo mejor para el paciente pero sin el paciente” y la investigación (y la historia) nos dice que eso nunca acaba bien.

Paso 3: Supervisar

Si no encuentras la respuesta ni preguntando al paciente, lo mejor es que pidas ayuda a otros psicólogos/as. Si tienen más experiencia que tú mejor, pero no es algo indispensable.

Hablar sobre los casos que te preocupan te va a ayudar a conseguir los pasos 1 y 2 más rápido y además te aporta otros puntos de vista que igual no habías contemplado. Con esto, la supervisión te ayudará a seguir otros caminos alternativos y conseguir de esta manera ser la ayuda que la persona que acude a consulta necesita.

Ya ves, en tres pasos solucionado el problema de las resistencias del terapeuta. Hasta se le puede poner un nombre. El método PIS ¿qué te parece? ¿saldrá algún día en algún manual de psicoterapia?

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